
Feria local:
El miércoles se recibe en la Plaza de la Cantina al popular “Tío del Tambor”, que llega a las dos y media de la tarde en el autobús de línea. Una muchedumbre sigue al tamborilero hasta el recinto ferial, en donde hay instaladas unas 30 casetas. Por la noche se procede al encendido del alumbrado tras el pasacalles de la Banda Municipal. De esta forma comienza la feria, en la que se suceden concursos infantiles, conciertos, carreras de
cinta a caballo y otras actividades.
A las cinco de la tarde del jueves la Virgen de la Encarnación sale de la Iglesia Parroquial camino de su ermita, ubicada a cuatro kilómetros de la localidad en la finca de El Esparragal. Allí permanece hasta el domingo, día de la romería.
Romería en honor de la Virgen de la Encarnación:
Se celebra el domingo de feria.
El origen de la romería en honor de la Virgen de la Encarnación se pierde en la oscuridad de los tiempos. Cuenta la leyenda que un jinete cabalgaba en una noche de tormenta hacia Gerena. Su caballo, asustado por un rayo, avanzaba hacia el precipio del Arroyo de Las Torres sin que su amo pudiera evitarlo. Por intercesión de la Virgen, el caballo se detuvo milagrosamente al borde del arroyo. El jinete descendió y encontró a la imagen en una cueva envuelta en trapos. Probablemente la escondió allí un cristiano para protegerla de la invasión armorávide del siglo XI. Desde aquella época se venera a la Virgen de la Encarnación en una ermita situada muy cerca del lugar en el que fue encontrada.
El domingo de romeria es un día grande en Gerena. La diana a cargo de la banda de música, con reparto de dulces y café, supone el cominezo de una larga jornada. Tras la carreta del Simpecado desfilan por las calles del pueblo caballistas, carretas exornadas para la ocasión y romeros a pie. El cortejo llega hasta la ermita. En una alameda próxima se concentran unas 10.000 personas llegadas de toda la comarca. A lo largo de todo el día se come, se bebe, se canta y se baila. A media tarde, la Virgen sale de la ermita de vuelta a Gerena.
Entre los muchos momentos emotivos destacamos dos. La entrada o salida de la Virgen en la ermita, de especial dificultad por las pequeñlas dimensiones de la puerta, que obliga a introducir el paso de la Virgen a ras del suelo. Y otro momento especial: el de la despedida de los caballistas en la Iglesia Parroquial, en torno a las once y media de la noche. Los jinetes se quitan el sombrero y desfilan uno detrás de otro al grito de “Viva la Virgen de la Encarnación”, a la que los gereneros llaman cariñosamente “la chiquetita”.
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